A trabajar con tijeras de juguete
28 mayo, 2021
 

Valentino Rossi, piloto de motociclismo italiano


Yo pensaba que Yamaha fabricaba solo pianos

La primera persona que recibió una de mis réplicas de personajes, recientemente me contactó casi un año después de haber recibido su parejita de Silvestre y Junior, mis dos primeras creaciones, las mismas que marcaron un hito en la variedad de productos que ofrezco. Hasta ese entonces, yo no sabía que me era posible coser muñecos sin tener por lo menos esbozos de los moldes de cada pieza.

Recuerdo que cuando me lo pidieron, como siempre y citando al Doctor Finkelstein del Extraño Mundo de Jack, tuve que responder como respondo a todo aquel que me pide que le cree algo: "Su creación será muy sencilla, creo yo." pero internamente temblando y repitiendo para mi misma: "nunca has hecho nada parecido, dile que no... por favor, dile que no" pero nada de oírme, le hago señas de silencio con la mano y respondo que claro que sí voy a poder.

Al principio parecía que iba a crear unos gatitos muy monos y hasta un conejo, luego sin darme cuenta lo que en realidad iba a crear era una réplica de un piloto de motociclismo llamado Valentino Rossi, del cual acababa de enterarme de su existencia. Recordé como no soy muy apegada a crear personas, prefiero animales u objetos inanimados, con los cuales uno se puede dar licencias en su forma y figura, pero como los humanos son bastante conocidos y su menor modificación significa el quitarle algo de su humanidad, es que prefiero decantarme por otras cosas, mucho más si son réplicas.

Pero como hace tiempo ya suelo hacer muñecas, podría decirse que conozco bastante bien como hacer cuerpos humanos y pensé que este también sería así, y la ventaja del casco, sería que no tendría que hacerle también la cara, solamente nos remitiríamos al cuerpo y el cuerpo estaba totalmente cubierto, ¿podría ser más sencillo?.

Lo pensé en 35cm, es decir en tamaño muñeca, vi que tenía los colores exactos de la tela, pensé que la confección no iba a ser un problema porque tomaríamos de base un mameluco, los detalles que lo convertían en piloto motociclista eran mas las marcas de los patrocinadores, tapizando casi cada centímetro del traje, incluidos los zapatos y el casco que aún no sabía como lo iba a hacer pero que de seguro encontraría una solución, solo hay que darme tiempo en esos casos y dejar la tarea resolviéndose en background.

Comencé haciendo el cuerpo y tuve la idea de ponerle articulaciones con bolitas, luego de mucho coser guiándome en lo que había visto en internet, no me quedaron muy claras las ventajas de optar por ese modelo (y ya me había comprado bastantes bolitas de todos los tamaños)  y pensé que quizás en modelos más grandes o con otras telas, igual yo continué trabajando, confiada en que ese modelo estaba bien y me parecía el tamaño ideal.

Terminé el modelo base del mameluco y lo probé, le quedaba bien y comencé con la tela correcta, ya tenía incluso las mangas con su combinación de colores y sus puñitos cuando de pronto me doy cuenta de que la caída del material no tenía el mismo efecto que en las fotos de Valentino, viendo de mucho más cerca me percaté de que el uniforme está hecho en cuero (mi cliente me confirmó que era cuero de canguro -que horror-), no quedó más que sentarme queriendo derretirme en mi sillón, rodando hasta adelante, los brazos a los lados, aguantando el momento lo más posible porque lo siguiente era inevitable.

La tela necesaria para que Valentino tuviera un uniforme decente o iba a ser super gruesa o simplemente ni siquiera iba a ser tela, como mínimo iba a tener que ser imitación de cuero (prescindiríamos del cuero de canguro esta vez), el problema de esa tela es que por su grosor o espesor, es casi imposible doblarlo, ni que digamos darle la vuelta a las piezas cosidas para ponerlas del lado correcto, mientras más pequeñas las piezas es más difícil voltearlas, con la tela gruesa es prácticamente imposible hacerlo. Por lo tanto si el traje nuevo no se podría voltear y si la tela del traje actual no es la correcta, coger el muñeco ya avanzado y destriparlo para luego lanzarlo a la basura con todo el avance hasta el momento. Ni modo, tocó empezar de cero una vez más.

Si el modelo inicial medía 35cm, lo más coherente era casi doblar el tamaño, me figuré que unos 45cm bastarían. Esta vez ya no tomé las articulaciones con bolitas, preparé las articulaciones normales de siempre, pensando en que los movimientos debían ser fluidos, debería sentirse como el cuerpo de un pequeño humano, dispuesto a posar como mejor le parezca a su futuro dueño. Una vez listo el cuerpo, incluyendo las manos y los pies, pasamos a tomar una vez más las medidas del traje, mucho más grande y con más espacio para los cientos de detalles que serían la esencia del uniforme. Una cosa buena adicional para la que no estaba preparada era que al saber que el vestuario estaba bien medido, pude tener la facilidad increíble de poder poner las marcas de los patrocinadores en tela plana, tengo que confesar que en el primer modelo pequeño, tuve la equivocada idea de ponerlas ya en la prenda vistiendo a Valentino, en retrospectiva puedo ver que eso iba a ser o imposible o demasiado tedioso para poder hacerlo.

Pincel en mano me metí al mundo de los patrocinadores y me enteré de que Yamaha no solo hacía pianos y que tiene muchas variaciones en sus logos, me equivoqué pensando que ENEOS hacía cámaras fotográficas (fabrica motores XD), por primera vez supe de nombres como Semakin Di Depan, Pata Patatine, Agu, Dair Dainese... Cada marca con sus colores, con sus formas propias que con ayuda de mi bisturí logré hacer plantillas casi de cada uno porque era necesario mantener las proporciones y formas originales de los caracteres y logos.

Una vez que la gran mayoría de marcas tapizaban el traje, llegó el momento de unir piezas y formar el enterizo, sujetando dobladillos, respetando márgenes, cortando excesos, formando el cuello, mangas y rogando al cielo que las medidas estuvieran correctas. Estuvieron.

Ya que el casco cubriría totalmente la cara, no fue necesario crear el rostro y sin rostro, mi subconsciente no le confirió vida al muñeco -como siempre lo hace- así que el tenerlo tirado en el escritorio, esta vez no me incomodó mucho, ya saben, eso de que podría estar incómodo o pasando frio así que esa prisa no existía, pero al tener listo el vestuario y ponérselo no pude evitar sentir de nuevo esa satisfacción de estar vistiendo a alguien que lo necesitaba y muy segura de que a partir de entonces se sentiría mucho mejor, se ve que mis padecimientos mentales no me dan ninguna tregua XD.

Quedaba continuar con las marcas que iban entre dos piezas de tela, por eso no se pudieron pintar antes de tener el traje completo, y quedaron otras que solo podrían ser dibujadas con el traje vestido y cerrado, en ese momento me di cabal cuenta de que mi primer diseño en el muñeco pequeño, estaba destinado a fracasar y terminar en la basura cuando me diera cuenta de lo imposible que estaba siendo pintar las marcas en un cuerpo tan pequeño y en una superficie para nada plana. Punto para mi y para mi corazonada con la caída del traje (recordad el cuero de canguro).

Luego de dos años y medio en que no faltaba ningún patrocinador por pintar (lo sé, lo sé, pudieron ser solo algunos días pero créeme, a mi me pareció muchísimo más) volví a mirar la foto de cuerpo completo de Valentino y vi que seguían los zapatos. Sí, los zapatos deportivos que ni siquiera se veían iguales uno con el otro, que ni siquiera parecía tener pasadores, que de solo verlos podía adivinarse cuan aerodinámicos eran. Cogí el modelo de bota que mejor se acoplaba a lo que deseaba hacer y una vez más, con la tela super gruesa que imitaba tan bien a la rigidez del cuero.

Cuando se hacen los zapatos se tiene el problema de como fijar la planta y la suela del zapato, sé que no va a servir para caminar realmente pero lo que menos quiero es que se comience a despegar alguito y tener que reforzar con pegamento con cuando hacía mis pininos en zapatería así que cortamos por lo sano y a coser planta y plantilla al zapato mismo, pensado que si en algún momento, Valentino decidía caminar (poseído, quién sabe, por alguna magia inexistente) iba a poder hacerlo con tranquilidad, seguro de que sus zapatos resistirían bien. Acabé con el último logo de Dainese y miré mi obra, pensando que además de ya estar vestido, podía mantenerse de pie con unos zapatos hechos a medida.

Una vez más miré la foto, ¿qué faltaba ahora? pues los guantes. Guantes tan llenos de color que me podía imaginar cuanto costaría su versión original y pensaba en que cada pequeño pedazo de cuero (que de seguro seguía siendo de canguro) tenía alguna finalidad bien estudiada por los expertos, ya sea protegiendo algún músculo exacto de los dedos o permitiendo más movilidad, cuando el último logo estuvo insertado tuve que afrontar la realidad, no había como demorar más el momento, tenía que pensar en el casco finalmente.

Recurrí a un super artista en diseño de cascos que nunca me iba a decepcionar, luego de una semana me entregó el pequeño casco que le quedó -al igual que todo- exacto, me dio muchísimo gusto el ver que Valentino ya comenzaba a cobrar la personalidad que le haría ser él pero en pequeñito. Para salvar uno que otro problema, forré el casco ¡y a pintar se ha dicho! pensando en que si yo fuera piloto de motociclismo, de seguro que mi casco sería así o aún más gracioso, ante la mirada de horror de mi esposo que de seguro querría que simplemente fuera un casco negro, así, sin un solo punto de color. No vaya a pensar el público que no soy una persona super seria.

Meses después de pintar furiosamente el casco (sí, sí, fueron solo dos días) me disponía a dejar mi pincel y la docena de colores cuando me di cuenta una vez más que faltaba algo porque siempre falta algo, pinté el logo de WLF. Ni bien había terminado de secar la pintura, yo ya estaba mandando un mensaje muy feliz en el que informaba a mi cliente que su pedido estaba listo, sí, era increíble pero estaba listo y que cuando podría entregárselo.

Valentino Rossi estaba en mi escritorio, presumiendo su fama y esperando la sesión de fotos prometida. Busqué superficies en las que pudiera sentarse o mantenerse de pie, bajé mi fondo favorito lleno de tablas, reflector conectado y encendido, cámara cargada y con tarjeta de memoria funcionando, entonces todo listo: ¡luces, cámara, acción! Contemplé mi obra y pensé que era muy buena, fue todo un reto. Ven Valentino, vamos al estante de proyectos terminados, toca esperar a que vengan por ti, fue un verdadero placer poder conocerte.

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