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22 mayo, 2021
 

Proyecto: Mario Bros


El gran regalo para la Navidad 2020

Este año 2020 quería sorprender a mi hija con un gran regalo, con algo tan único como precioso y especial.
Pero esa idea no la tuve desde enero, es más ya estábamos como en setiembre cuando en una noche oscura y fría, me visitó una de las musas más obsesivas que conozco. Y es que así sucede, yo me voy a dormir tranquila, con mi vida en orden y de buenas a primeras sé que debo crear algo, casi con desesperación, sé que no debo dejar pasar más el tiempo o que aunque pase, siempre tengo que llegar a hacerlo. Es una necesidad que de pronto tengo, algo que no me deja pensar en nada más, algo que no me permite continuar con mi vida que estaba antes tan tranquila.

Comuniqué a todos de la visita de la musa y que, tendría que comenzar cuanto antes.
En mi cabeza están de pronto los planos y bosquejos, el producto final está ahí ya listo y es cuando me gustaría que los pensamientos puedan si no es materializarse, por lo menos imprimirse, conectar mi cerebro a una impresora y sacar todo para comenzar a trabajar. Es muy difícil coser, hacer algo solo como con recuerdos, con nada tangible.

Mi hija es pequeña, tan pequeña que aún no aprecia lo delicado del arte, ella quiere jugar de verdad, quiere moverlo todo, flexionarlo, doblarlo, quitarlo, ponerlo, sacarlo, guardarlo, olvidarlo, sentarlo, etc. así que lo primero a considerar era el material en cuestión. El muñeco o muñeca debía ser de material casi eterno, que durara, que lo pudiera mover a voluntad, sin límites, sin que le diga yo "no así, suave nomás...", debía permitir una libertad tal como la permite desde una burda Barbie falsa con piernas de alambre.

Fui en busca de una muñeca, la más barata que hubiera, de plástico hueco que tardará años en descomponerse, una muñeca genérica con 10 pelitos al rededor de la tonsura de fraile, con ropa hecha de plástico que parece tela o de tela que es plástico finalmente, que venga en bolsa con etiqueta engrapada. Encontré dos, elegí la más grande para que la ropa tuviera más vistosidad, en algo pequeño casi no se aprecia bien. Un muñeco grande, eso es lo que iba a ser.

Conseguí la muñeca a un precio ridículo y me pregunté cual sería su precio real saliendo de la fábrica, como si el plástico no valiera ya casi nada. La puse en mi estante de cosas pendientes y ahí me estuvo esperando que acabara con todos los pedidos de mis clientes, esperó muy paciente por meses hasta que le llegó su turno. Cuando esto sucede me acomete el miedo. ¿Y si no puedo?, ¿Y si me abandona la inspiración?, ¿Y si el proyecto es demasiado grande?

Lo primero fue el desmantelamiento del rostro existente, esta vez no iba a crear el cuerpo de cero, iba a moldear el muñeco en base a lo que ya tenía, como era algo nunca hecho, el miedo al fracaso era aún más fuerte. Para calmarme me dije a mi misma que si no salía, S/8 no era mucho para irse a la basura y en las tiendas siempre habría algo.

Una vez teniendo el rostro, la ropa fue mucho más sencilla de confeccionarse. Este año aprendí a tomar medidas y ahora con toda confianza, diseño vestuarios de todo tipo con la seguridad de que serán a medida. Escribí una lista y la sujeté con chinchetas en la pizarra de corcho:

Trajes de Mario

  • Mario Clásico (overol azul, polera roja, gorra)
  • Mario Santa (abrigo y pantalón de santa, gorro con cejas, barba postiza, cinturón negro funcional)
  • Mario Constructor (overol rojo, polera amarilla, casco, cinturón de herramientas con bolsillos funcionales, herramientas)
  • Mario Tanooki Blanco (overol blanco con cola, polera del traje anterior, gorro blanco con orejas)
  • Mario Hakama (hakama gris, jubán rojo, jubán negro de varón, polo interior, sayonaras)
  • Mario Abeja (traje de abeja, casco con antenas, alas y cuellera)

Los trajes estaban supuestamente en orden de dificultad y no me equivoqué.

Mario Clásico fue sencillo, un overol con polera, flojito para que pueda sentarse, botones forrados de amarillo, gorra que mejoré en los trajes siguientes.

Mario Santa usó pantalón rojito, el saco tiene algún defecto en los bordes pero pasa muy bien, el gorrito fue sencillo y el cinturón que funciona de verdad es una preciosura en miniatura.

Mario Tanooki Blanco tuvo la particularidad de la cola rellena, las orejas exigieron algo de trabajo para que cobraran forma pero nada especial.

Mario Hakama fue el verdadero primer reto. La ropa japonesa es tan encantadora y majestuosa como difícil de confeccionarse, planché, plegué, añadí centímetros aquí y a allá para que Mario tuviera un genuino traje japonés en miniatura a medida.

Mario Abeja fue el reto final, incursioné en la esponja y por la premura del tiempo no salió como yo quería, no tiene mucha forma y no había como demorar más todo en más modelos y prototipos, quiero creer que mi hija no lo note mucho.

Los guantes y zapatos son un tema a parte, porque no son simples guantes y zapatos que se amoldan a las manos y pies. Mario tiene manos y pies grandes, nada que ver con los que la muñeca trae originalmente, el tiempo hizo que las manos no quedaran tan bien como deberían.

Fue un mes en que debía trabajar como en clandestinidad, como la oficina es también salón de clases este año, era imposible que ella no se diera cuenta de lo que hacía. Así que tuve que inventar una respuesta rápida. ¿Para quién es el Mario?, "para una gran fan". Un mes entero compartiendo tiempo con la enseñanza, los juegos, la cocina, el trabajo, la costura y más enseñanza.

Una semana antes de Navidad vino y me dijo que estaba preocupada, porque este año no habían regalos bajo el árbol, le dije que por la pandemia todo había sido muy difícil y que no éramos los únicos con un árbol vacío. Un día antes me pregunto si no podría haber por lo menos un regalo, aunque pequeñito para ella, en la víspera de Navidad dijo que aunque iba a esperar hasta la media noche, esta Navidad sería una Navidad algo triste, no se oían ni cohetillos afuera, ni música -y obviamente- no había regalos.

Ante mi incredulidad al saberse segura de que no habrían obsequios, no lloró, no se molestó, no se enojó ni decepcionó visiblemente, parecía aceptarlo resignada y nada más.

10 minutos antes de las 12 le dije que viera bajo el árbol, sus ojos se abrieron literalmente como dos pequeños platos con un capulí al medio, ¡¡¡¿¿¿hay regalos???!!!. Corrió a verlos y se sorprendió con que sí habían. Un paquete grande con el muñeco de 50cm de alto, un paquete más grande con todos los vestuarios, una caja de legos de Harry Potter (infaltable) y un super héroe.

Hoy me confesó que al verme trabajar en el muñeco, pensaba que quien lo recibiría tenía muchísima suerte porque alguien lo estaba comprando para esa persona... ¿y si fuera para un niño?, mucha más suerte todavía, ella sabe que mis principales clientes son adultos :) como yo. Gente que ahora puede pagarse esos pequeños gustos porque no perdieron del todo la alegría de la niñez con el paso de la edad. Y es verdad, miro mi mochila de caparazón con púas del archienemigo de Mario y pienso cuando podré volver a salir con ella.

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