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Muñeca de Tela Hecha a Mano Señorita "Gabriela"


Luego de la primera muñeca, invariablemente tuvo que seguir otra y otra más

Al haber terminado mi primera muñeca, la misma que me había costado muchísimo trabajo al comenzar a entender como funcionaba mi primera máquina de coser, la útil función de los alfileres, la tiza para costura que me resecaba la mano cada vez que la usaba, el ver como se deshilachaba la costura si la hacía muy al borde, entre otras cositas que me obligaron a coser más de una vez muchas de las piezas; aún contra todo pronóstico, me animé a seguir haciendo más.

Cogí toda la tela que había comprado y comencé a copiar mis moldes por triplicado, no iba a hacer una, iba a hacer 3 más. Armada de un lápiz que pintaba mucho mejor que la tiza, copie y copie a la tela las numerosas piezas necesarias. Las piernas estaban divididas en muslos y pantorrillas con pies, los brazos también venían en dos piezas, el cuerpo, la cabeza, eran muchas más piezas de las que pensaba.

Luego de recortarlas tratando de que no se manchen con nada, había que unirlas con los alfileres para coser piezas enteras, la parte más difícil eran las piezas que tenían que calzarse unas con otras aún cuando estas no eran reflejos entre ellas, el coserlas y lograr las formas esperadas fue un poco más complicado, de igual forma, varios pedazos de tela tuvieron que terminar en la basura.

El tener que rellenar piezas tan estrechas, me llevó a pensar que necesitaba de alguna herramienta para poder llevar el relleno hasta el fondo, me armé de palitos y paliglobos que me ayudaron mucho. Al cabo, el unir las piezas para formar los cuerpos fue una tarea que me animó cuando ya estaba por dejarlo todo, seguro que muchos conocen esa dulce sensación de ver como de verdad está uno acabando el trabajo y este va tomando finalmente la forma esperada. De pronto me vi ya con cuerpos de muñecas, no solo pedazos de tela.

Aún me quedaban madejas de hilo que fui uniendo las hebras para insertarlas a las cabecitas y darle la personalidad que ya se veía, cabellos largos y abundantes para preciosas damas en miniatura, ya me veía peinándolas y disfrutando de lo lindo.

Ya listos los cuerpos, no tenían rostros, guardé las telas, hilos, tijeras y saqué pinceles, potecitos de pintura textil, era el momento de comenzar otra etapa, estaba por darme cuenta si la pintura se me daba tan bien como la costura, sin poder postergar más el momento, me dispuse a dibujar.

Nunca se me había dado bien el dibujar rostros, comencé sosteniendo el lápiz sin saber en dónde comenzar, atiné a pensar bien que era mejor bosquejar primero en papel, comencé con los ojos que parecían ser los más sencillos, luego de varias capas, pestañas, cejas, me atreví a dibujar la boca y los labios, hasta ahí todo iba bien, la nariz me llevó un poco más de trabajo, al final tuve que dejarla en lo mejor que pude hacer, pero si tenía que juzgar por mi misma, se veía bastante bien.

Me tomó un par de noches el poder completar los rostros, el tener que darme cuenta que usar un lápiz en la tela no era de mis mejores ideas porque si bien los trazos con pintura, ocultaban al lápiz, las líneas erradas no se borraban fácilmente y a veces simplemente no se borraban, era necesario trabajar pensando en que solo tenía una oportunidad para hacerlo y era obligatorio hacerlo bien o sino, otra pieza más iría al basurero. Disfruté pintar tanto como coser, aunque siempre tenía esa presión de hacerlo muy pero muy bien y eso era lo que lo hacía tanto divertido como estresante, aún me sigue sucediendo lo mismo.

Una mañana, al volver a mi pequeño escritorio de manualidades, me sorprendí al ver como me esperaban 3 jovencitas sentadas (aunque desnudas), cada una de 45cm de alto, como expectantes a ver cómo serían sus vestuarios. Todas con deliciosa apariencia juvenil, con cabellos largos que invitaban a peinar sin parar, aunque lo que más disfruté era el cambiarlas de posición, ya sea sentarlas, recostarlas, sostener sus propios cabellos, apoyarse, las posibilidades eran infinitas.

Sin más preámbulos, había que comenzar con la ropa, tomar las medidas, elegir colores, planear los diseños. Por ser las primeras veces me pareció que confeccionar la ropa era más difícil que la muñeca misma, actualmente hacer ropa me parece super sencillo comparado con hacer muñecos.

Cosí faldas, pantalones, poleras, ropa interior, vestidos y no me detuve, también hice zapatos y sandalias. Sobra decir que vibraba cada vez que veía alguna prenda terminada, sin duda quería seguir haciendo esto mañana, la semana entera, para siempre.

Al tenerlas listas, pensé en que alguien más podría encontrarlas tan bonitas como yo (y eso que yo soy muy exigente), así que las publiqué en las redes, cree mi fanpage en Facebook y me abrí una cuenta en MercadoLibre. Al cabo de unos días me contactó alguien y minutos después me llegó un mensaje, recuerdo que estaba haciendo cola para pagar en mi restaurante favorito, el McDonalds; alguien había comprado mi muñeca y me pedía datos de cuando sería enviada y además, quería algunos vestuarios adicionales.

Ese alguien era una señorita, se llamaba Gabriela, me envió fotos de los tres vestuarios que quería, incluídos los zapatos. Al cabo de algunos días estaba todo listo, añadimos un soporte para la muñeca, para que se pueda lucir de pie, una caja con el nombre "Gaby", embalaje apropiado y la llevé al courier. Antes de enviarla pensé que era un buen trabajo, que yo también la hubiera comprado y me sentí muy satisfecha conmigo misma.

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